Kia Telluride un coloso surcoreano en tamaño familiar

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Hay autos que parecen diseñados para ir de la casa al súper y nada más. Y luego está la Kia Telluride, una SUV que cuando la ves estacionada parece preguntarte: ¿tienes idea de cuántos estados podrías recorrer en un solo fin de semana conmigo? Y no es exageración. Kia Telluride es el tipo de camioneta que te hace replantearte si deberías mudarte a una cabaña en la sierra… solo para justificar tenerla.

El diseño tiene esa mezcla irresistible entre presencia americana y ejecución coreana. La parrilla ancha con detalles en cromo negro, las luces verticales LED y la silueta musculosa logran un equilibrio entre lo rudo y lo refinado. En un mundo donde todas las SUV quieren parecer coupés, la Telluride dice “gracias, paso”, y se planta con orgullo como lo que es: una SUV de verdad, de las grandes, con estampa de líder de la manada. Y no falta quien la confunda con una Range Rover de lejos… hasta que ve el emblema de Kia y duda de todo lo que creía saber.

Puertas adentro, la historia continúa con una cabina digna de un jet ejecutivo. Materiales suaves, costuras visibles, pantallas generosas y una sensación de amplitud que te hace cuestionar si realmente estás en un vehículo de menos de un millón de pesos. La versión vendida en México —la EX Pack, única disponible— lo tiene todo: asientos de piel Nappa ventilados, head-up display, pantalla táctil de 12.3” con Android Auto y Apple CarPlay, climatizador de tres zonas, cargador inalámbrico, y más puertos USB que personas en una fiesta de TikTokers.

La segunda fila, configurada con asientos tipo capitán, es un lounge rodante para adolescentes con actitud o ejecutivos en fuga. La tercera fila, eso sí, cumple más con la promesa del “por si acaso”, ideal para niños o para adultos resignados a ese viaje familiar donde no se vale quejarse. Y si los asientos no están ocupados, el espacio de carga es más que generoso. Puedes llevar maletas, bicicletas, una hielera gigante o tus sueños de independizarte de la ciudad.

Mecánicamente, Kia apostó por una fórmula probada: un V6 de 3.8 litros, atmosférico, con 295 hp y 355 Nm, acoplado a una transmisión automática de ocho velocidades y tracción delantera. No es un misil, pero mueve con soltura las más de dos toneladas de peso, especialmente en autopista, donde se siente más como un crucero que como un tanque. La dirección es ligera, el aislamiento acústico notable y la suspensión filtra bien las irregularidades, aunque tiende al confort sobre la firmeza. En ciudad, el tamaño puede ser un pequeño problema en estacionamientos estrechos, pero para eso están las cámaras y los sensores por todos lados, que hacen sentirte como piloto de dron.

En cuanto a seguridad, no se escatimó. La Telluride en México llega con el paquete completo de asistencias ADAS: frenado autónomo, mantenimiento de carril, control crucero adaptativo con función Stop & Go, monitor de punto ciego con cámaras en el clúster, alerta de tráfico cruzado y hasta sensores de ocupación en la parte trasera. En otras palabras, el auto sabe más de ti que tu horóscopo.

¿Y el precio? Aquí viene lo mejor: $998,900 pesos mexicanos. ¿Mucho? Depende del cristal con que se mire. Comparada con rivales generalistas, sí está en el techo del segmento. Pero si miramos lo que ofrece —equipamiento, espacio, diseño, sensaciones premium— resulta más bien una ganga. La Telluride no solo compite con SUV de tres filas: los humilla en el apartado “relación valor-precio”.

Kia Telluride es ese raro espécimen que combina estética, funcionalidad y lujo sin volverse pretenciosa. Es una SUV que no solo transporta personas, también expectativas, y te invita a viajar más lejos y, por qué no, estacionarte justo al frente para que todos la vean.

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