Pese a que Mini está próxima a presentar una nueva generación cuya gama por supuesto incluirá una variante eléctrica, decidimos darle la vuelta durante una semana a la actual generación, misma que debutó en el segmento electrificado hace ya dos años, al menos en el mercado mexicano.

El Mini eléctrico es un caso muy peculiar que tiene tanto cosas positivas como algunas no tanto. Lo último va más por el lado de al día de hoy, la oferta de autos eléctricos en el rango de precios, ya es más variada que hace dos años, lo que definitivamente no juega a favor del “pequeño” de baterías.

Pero antes de llegar a ese punto, vayamos primero por la propuesta estética. Aquí sinceramente no hay mucho que profundizar y no porque no lo amerite, sino todo lo contrario. Estéticamente el Mini goza de un diseño por demás atractivo en su variante de gasolina, para ser más precisos en la versión S, misma que utiliza como base el Mini eléctrico, por lo que prácticamente no tenemos cambios sustanciosos.

Un frente cuya parrilla es más cerrada en sus ventilas, nuevo diseño de rines, muy bueno por cierto y algunos acentos en amarillo en los propios rines, emblemas y carcasas en el mismo color amarillo, son los principales diferenciadores de esta versión. Fuera de ello, no hay más que destacar, el diseño es bastante bueno de por sí.

Al interior se repite la historia, pantalla para el cuadro de instrumentos, que muestra por supuesto la carga de la batería en información de manejo, al centro, Info entretenimiento de 8”, Apple CarPlay y Android Auto pero sin sistema de sonido firmado por alguna marca. Complementan la iluminación ambiental y los detalles propios de la versión; logo en la parte baja del volante, diseño de palanca y botón de encendido también en color amarillo.

Bajo el cofre encontramos un motor eléctrico cuya potencia es de 184 hp y 199 lb-pie de par, lo que permite alcanzar una velocidad máxima de 150 km/h y un 0 a 100 km/h en 7.7 segundos

Dinámicamente el Mini eléctrico resulta tan divertido o más que un Mini Cooper S, por supuesto mantiene el Go-Kart feeling aun siendo impulsado por electricidad. Es ratonero, al apuntar es preciso, rígido de suspensión y al tener el torque instantáneo, la diversión se incrementa notablemente.

Sin embargo, hay que destacar que al tratarse de una primera generación, hay un gran camino por recorrer y mucho por mejorar. Son 234 km de rango provenientes de una batería de 32.6 kWh, con un rango así, básicamente estamos ante un auto 100% urbano, cuya gestión de la energía, es amigable con las calles y no con la carretera, por lo que su punto más dulce, es definitivamente la ciudad.

Algo que notamos durante nuestra experiencia a bordo es que la gestión de la batería, no es su punto más fuerte, al contrario, es el más débil, incluso en las subidas, aún sin forzar la marcha, es evidente la forma en la que el consumo se dispara notablemente y en bajadas donde la regeneración tiende a ser más eficiente, en el caso del Mini tampoco lo es tanto.

Con un precio de $950,000 pesos mexicanos y con contendientes mucho más accesibles, con mejor nivel de equipamiento y sobre todo mayor rango de autonomía, podemos decir que este Mini SE no es el mejor auto eléctrico si lo que buscas es debutar en el segmento. Pero si eres fan del modelo, quieres dar el salto a la electrificación con algo que te resulte familiar, sin duda la pasarás bien.



















