Hablar de Mini Cooper nos obliga a retroceder en el tiempo, a ese pequeño auto creado en Longbridge, Gran Bretaña, en los años 60 por Alec Issigonis. Un auto que se volvió icono de la industria automotriz hasta nuestros días aunque ya de inglés tiene poco (sólo el nombre) y el resto es Alemán. Pero es por ello su éxito, porque se ha vuelto un auto mucho más seguro, confiable y con mejores capacidades mecánicas que el original… digamos que, por suerte el diseño es lo único que se mantiene.
Por cualquier ángulo del que lo veamos a gritos dice: “Soy un Mini”, y es que todo en el Mini, tiene que ver con diseño. Trazos redondeados que lo vuelven musculoso, líneas rectas que enaltecen su deportividad y más en ésta, su versión más deportiva. Enormes faros con xenón y un halo de luz en el interior rompen con la cotidianidad, y más cuando una pequeña pieza de plástico también dice Mini; la enorme parrilla negra de panal en el centro con el logo de John Cooper Works refleja las grandes bocanadas de aire que deja entrar para alimentar a su motor; por debajo unos faldones deportivos con otras entradas de aire que incentiva su deportividad. En la trasera, los mismos faldones y salidas de aire recrean la perfecta armonización del conjunto sin hacerlo rebuscado, sobre todo porque en los laterales el diseño es sobrio. Entonces, encontramos un auto balanceado en proporciones y diseño original. El toque supremo viene en la parte alta de la cajuela, un spoiler en tono rojo brillante es, podemos asegurar, la cereza del pastel.
En el interior encontramos asientos en piel y alcántara con acabados rojos que elevan las sensaciones de quien lo maneja cada vez que abre las puertas. Y aunque sea un auto de casi 500 mil pesos, los puristas agradecemos que los ajustes sean manuales y no eléctricos. El volante es sobrio pero funcional y las dos burbujas (velocímetro y tacómetro) son pequeñas para un auto deportivo, aspecto que seguramente sacrificaron para darle mayor tamaño a la enorme pantalla de la consola central que proyecta, en una pantalla dividida, los mapas del navegador satelital, el estado del vehículo, las estaciones de música, las conexiones auxiliares, la computadora de viaje, etc. y los interminables switches y perillas cromados que dominan algunos aspectos funcionales del Mini.
Un detalle interesante es la pantalla que aparece en la parte superior del tablero frente al conductor -con el accionamiento de una de estas perillas- y que refleja los Km/h a los que viaja el auto. Si seguimos con los detalles en el interior destaca la iluminación en varios tonos, tanto en las manijas de las puertas como en el tablero y consola central. Colores azules, blancos, anaranjados y rojos mantienen despierta la pupila de los pasajeros cuando suben el volumen, cambian de estación, accionan el climatizador, etc.
Sin duda un auto lleno de detalles y diseño innovador pero que al mismo tiempo mantiene la esencia de aquel Mini sesentero. Obvio no en el manejo, que es 100% enfocado al performance y para quienes gustan ir a la pista a disfrutarlo.
Motor: 2.0 litros Twin Power Turbo
Potencia: 231Hp a 5,200rpm
0 a 100Km/h: 6.3 segundos
Por Mariano Ecija
Fotos Gaby Luque
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