Recuerdan el slogan: “Todo el mundo tiene un Jetta… al menos en la cabeza”??? Pues en su trigésimo primer aniversario este auto sigue siendo uno de los más vendidos en México y el mundo. Obviamente su carrocería de tres cuerpos, la evolución en el diseño, sus capacidades mecánicas, el espacio interior, el manejo deportivo y su gran carisma lo han hecho sobresalir en ésta, su etapa final dentro de la sexta generación.
Podemos decir que esta edición deportiva es un híbrido entre el modelo actual y el anterior, ya que el frente sigue siendo el mismo que existía antes del facelift llevado a cabo hace año y medio y la trasera es la “real”, por decirlo de alguna forma. Sin embargo la combinación luce y más en el color rojo que tenemos.
Basta con percatarnos de la suspensión deportiva que baja el auto casi dos pulgadas, los rines de 18 pulgadas, lo leds dentro de los faros de xenón, los difusores negros adelante y atrás, los escapes dobles, las pinzas de los frenos en color rojo y el alerón trasero en la cajuela para amarlo y querer llegar al interior para encenderlo y darle vida al motor turbocargado de 2 litros con 210 Hp.
En el interior encontramos los mismos materiales y diseño que el modelo 2015, aunque gracias a las costuras en rojo, el acabado negro brillante del tablero y los insertos de aluminio, se mantiene vigente aunque no por mucho tiempo si ves que su hermano menor, el Jetta “normal” ya tiene todo renovado.
Podrían pensar que es un Jetta con equipo sin embargo, por $424,000 en esta versión con transmisión DSG de 6 velocidades, encontramos equipamiento mecánico, de seguridad e infoentretenimiento superior al resto de la gama. No hay duda de que es el Jetta GLI, el sedán superdeportivo de la casa alemana y hecho en México.
Por Edu Vasat
Fotos Gaby Luque
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